Érase una vez…
Porque así es como han de comenzar todas las historias…
Érase una vez…
Bajo una lona azul, sin nubes de un cielo plano, con la hermosa vastedad de sus viñedos interminables y sus trigales ondulándose al viento, con la magia de sus campos cambiantes de color… aquí encontramos las tierras de la Mancha.
Y en ella…
Una ciudad, antigua, majestuosa, altiva sobre los meandros del Tajo, anclada a su pedestal de roca y encerrada en murallas.
Al cielo llenos de golondrinas se elevan las agujas labradas de su Alcázar y las góticas puntas de su Catedral… centinelas que dominan el paisaje ante el pasar de los siglos.
Como bien dijera Garcilaso de la Vega:
«Estaba puesta en la sublime cumbre del monte, y desde allí por él sembrada, aquella ilustre y clara pesadumbre de antiguos edificios adornada»
Ciudad crisol de lenguas y cultura, donde la palabra escrita quedaba impresa para el conocimiento y la Historia.
La Toletum romana…
Si… nuestra Toledo de hoy.




Capital visigoda, musulmana y cristiana, donde Palacios y Monasterios, Iglesias mudéjares y Sinagogas conviven en barrios donde a veces crees que no ha transcurrido el pasar del tiempo.
Donde aún crees escuchar ecos de un pasado plagado de luchas y batallas, de Reconquista de tierras y Castillos.




Dicen que hay un Toledo diferente para cada viajero, para cada mirada, para cada recuerdo…
Donde Batallas, Historia, Arte y Cultura se mezclan con la Religión, con la Fe…
Pero también hay un Toledo para los escritores
Para los poetas… Para la poesía…



Conocer Toledo es caminar entre sus callejuelas y paredes, plazas y pasajes…
Con el deseo de perderse embutido entre piedras y recuerdos…
Pero con un caminar tranquilo, dejándose llevar por la Historia que cada esquina esconde y nos cuenta… Descubriendo… tocando… sintiendo…
Recordando…
Gregorio Marañón escribió sobre Toledo:
«Según la hora, según la estación, según las pasiones del alma que lo mira,
Toledo es distinto, cambiante… Como una joya iluminada por luces diferentes…
En esto, sobre todo, reside su inmortalidad…
Cuando se ve un rincón de Toledo, una estampa, o una descripción de la ciudad, no se sabe desde el primer momento lo que en ella es realidad y lo que es leyenda,
Todo lo que se cuenta que ocurre en los recodos de las callejuelas toledanas, en sus cobertizos, en sus subterráneos mitológicos, en sus Palacios, en las orillas de su río,
Todo pasó o no pasó… Pero todo pudo pasar…»
Según le gustaba decir a Manuel Bartolomé Cossío:
«Toledo es la ciudad que ofrece el conjunto más acabado y característico de todo lo que han sido la tierra y la civilización genuinamente españolas.
«Es el resultado más perfecto, más brillante y más sugestivo de la historia patria»
Alguien dijo una vez que en nuestros sueños recorremos una y otra vez una ciudad que no existe, hecha con trozos de todos los recuerdos de las ciudades de las que nos hemos enamorado.
Toledo es así… te enamora.
Aquí todo es Historia y cuando llega la hora de partir no puedes sino hacerlo con la mirada agradecida y su recuerdo en el corazón.
Dicen que la Historia se escribe con los hechos, pero el recuerdo queda escrito para siempre en las piedras, pétreas vidas llenas de leyendas, sangre y tiempo… piedras de sus murallas, castillos, Iglesias y Palacios.








Piedras amasadas con fuego y sangre, con sueños y fantasías, con tragedias y atrevimiento.
Y que mejor forma de terminar que las palabras agradecidas de Manuel Quesada hacia una tierra inolvidable…
«Por mi tierra amaré con toda mi alma, sentiré con toda mi piel y lucharé con todas mis fuerzas…
Para que el tiempo nunca borre la huella de su historia…»
Y el eterno recuerdo de Juan Ramón Jiménez:
» Y yo me iré… y se quedarán los pájaros cantando, se quedará solo el huerto con su blanco pozo… todas las tardes el cielo será azul y plácido, y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario»
¡¡¡La belleza no mira… la belleza es mirada!!!