Siglo XIX, retrocedemos aquel pasado de esplendor de nuestra querida ciudad de Barcelona, donde genios y artistas daban vida a sus proyectos y los mostraban a la gente que, entre atónita, asombrada, incluso escandalizada, contemplaban las obras de estos nuevos pintores, escultores, delineantes y arquitectos que fruto de la nueva corriente cultural y artística, como era el Modernismo, creaban algo nuevo nunca visto hasta entonces…
Este nuevo movimiento urbano, asociado principalmente a la alta burguesía catalana, se alejaba del diseño poco atractivo de la primera mitad del siglo XIX (19), y buscaba nuevas ideas y conceptos en la Naturaleza.
Formas y representaciones de plantas, hojas, flores, animales y pájaros pasan a ser motivos decorativos propios, adornando fachadas y pisos, balcones y techos, patios e interiores…
La cerámica en pequeños trozos irregulares de mil colores, el famoso “trencadis”, la forja del hierro en balcones y ventanas, junto con figuras de cerámica de personas o animales fabulosos llenan edificios con este nuevo Arte, el Modernismo tan íntimamente ligado a la Naturaleza.
Y claro… decir Modernismo y Barcelona a todos nos viene a la cabeza quizás su máximo representante, o al menos el más conocido por la gente…
ANTONI GAUDÍ
Aunque hemos de recordar que hay otros grandes arquitectos que han dejado su legado en nuestra ciudad en forma de palacios, casas y edificios que compiten en diseño, creatividad y opulencia contra Gaudí… sin duda los dos más conocidos son Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch.
Pero la protagonista de nuestra historia es una de las joyas que más brillan por derecho propio en nuestra ciudad, en el Paseo de Gracia.
La “otra casa” de Barcelona junto con la Casa Batlló. Como muchos ya habréis adivinado… … si… es la que estáis pensando… se trata … de la Casa Milá…
























