Érase una vez…( porque así es como han de comenzar todas las historias…)
Érase una vez.. hace miles de años, una fuerza que surgió del corazón mismo de la Tierra, rasgó la Cordillera…
de sus entrañas emergió la Piedra…
aquel corazón cobró vida en forma de valles, majadas y torres pétreas…
los Picos de Europa los llamaron…
Hubo un tiempo congelado en el tiempo y en la piedra…
Un tiempo donde se confundían mar y nubes…
Y donde las aguas guardaban los secretos de las cosas…
Un tiempo donde los hombres labraron la roca, y abrieron praderas para hacer la vida posible
Levantaron majadas,
Dominaron el horizonte,
Convirtieron las leyendas en Historia…
Finalmente…El paisaje… se hizo territorio…
Así nació…
¡¡¡¡ COVADONGA !!!! (Asturias)
Templo inmortal, lugar para la meditación y contemplación… junto a las impetuosas aguas del rio Auseva, cuna de la Reconquista y nacimiento de una nación…
Pero dejadme que sea Pérez de Ayala, ilustre escritor y poeta quien nos describa todo el encanto de esta tierra…:
“» Hay graves montañas azulinas, canas, con la nieve de muchos años que cierran el horizonte… Soñadoras en su lejanía…
Hay valles deleitosos y virgilianos…
Hay praderas de verdor perenne, tendidas entre lindes de los álamos,
De robles, de nogales, entre setos de zarzamoras y madreselva…
Hay puras fontanas que vierten su chorro cristalino por una hoja
De castaño, por una hoja de haya…
Hay bosques centenarios de temerosas espesuras, llenos de recogimiento, llenos de leyenda, de encantamiento…
Y hay fragancia, melancólicos cantos de la Madre naturaleza ante tan bella obra…”»
Podríamos hablar durante horas y horas de toda la belleza de esta tierra tan agradecida…
Podríamos escribir páginas y páginas exaltando este marco excelso puesto por la propia Naturaleza… Pero nuestro destino final de hoy, dentro del Parque Nacional de Picos de Europa y Montaña de Covadonga es un lugar de especial encanto, donde la pasión, la admiración, la memoria, la Historia y el respeto se unen para todo visitante que decida llegar hasta el lugar del que os quiero hablar hoy..
Su nombre… ORDIALES!!!
Descanso eterno del fundador del que es nuestro primer Parque Nacional…
Hablo de Don Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, Marqués de Villaviciosa de Asturias… gran cazador, montañero, político, escritor, hombre apasionado, primer hombre en la cima del Picu Urriellu, más conocido como el Naranjo de Bulnes, nombre que toma la montaña por el color que sus piedras cogen al reflejar los rayos del sol al atardecer…
Hombre con un profundo amor por estas tierras y tal fue su devoción por Covadonga que, a su muerte, dejó escrito su deseo de ser enterrado en lo alto de la montaña… en ORDIALES ese punto al que tanto amaba y en el que se pasaba horas y horas admirando el paisaje, embelesado por su belleza, su silencio, su soledad, llenado su corazón de una profunda felicidad.
Ocho años después de su muerte, compañeros suyos, montañeros como él, hombres duros de los valles asturianos, llevaron su cuerpo hasta Ordiales, donde reposa eternamente en su tumba de piedra… frente a las praderías de Angón… a casi 1700 metros de altura y a unas horas de ascensión desde los Lagos de Covadonga…
Aquí nos dejó su mensaje, su amor por Covadonga y Ordiales… nos dejó sus palabras escritas en la propia roca…
Para todo amante de esta tierra, amante de la Naturaleza casi virgen, es una visita que no debe faltar en su agenda…
Os invito a descubrir… a sentir… os invito a acompañar a Don Pedro en un viaje en el tiempo contemplando la misma tierra que años atrás él miraba como ahora lo hacemos nosotros…
Y como premio a nuestra ascensión, sus propias palabras que hallaremos grabadas en piedra…
“Nosotros, enamorados del Parque Nacional de la Montaña de
Covadonga,
En él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente;
Pero esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los
rebecos y de las águilas…
Allí donde conocimos la felicidad de los Cielos y de la Tierra…
Allí donde pasamos horas de admiración, emoción, ensueño y
transporte inolvidables…
Allí donde adoramos a Dios en sus obras como Supremo
Artífice…
Allí donde la Naturaleza se nos apareció verdaderamente como
un templo.”…
Debajo de esos húmedos helechos
que reciben
El agua de los Picos,
Y arrimado a esa roca enmohecida
por los inviernos fríos,
Dejaré que mis huesos se deshagan
A través de los siglos.”


