Hay momentos en la vida en los que uno empieza a mirar distinto sin saber exactamente cuándo ocurrió. No hay una fecha precisa ni un instante único; simplemente algo cambia y la forma de observar el mundo ya no vuelve a ser la misma.
En mi caso, ese cambio fue apareciendo poco a poco. Nací en Mendoza, Argentina, y desde temprano estuve vinculado a la imagen. Primero desde el diseño gráfico, después desde la fotografía artística, el documental, el audiovisual y la comunicación digital. Cada etapa fue sumando una nueva manera de entender lo que significa mirar y contar.


Mi formación en la Universidad de Mendoza, donde también tuve la posibilidad de acercarme a la docencia, fue parte de ese proceso. Allí aprendí no sólo herramientas, sino también una forma de observar: entender que detrás de cada imagen existe una historia, un momento y una intención.
Con los años llegaron los viajes, nuevas experiencias y una etapa en Europa que amplió mi mirada. Después regresé a Mendoza, donde continúo creando y desarrollando proyectos audiovisuales junto a Facundo Leyton en Cóndor Andino Film, una productora donde buscamos unir narrativa e imagen para contar historias desde otro lugar. Actualmente también formo parte del grupo artístico de Nazli Kalayci Art Dealer donde expongo tanto a nivel nacional como internacional.




Mi recorrido nunca fue una línea recta. Más bien fue un camino formado por distintas etapas que, con el tiempo, comenzaron a conectarse. Los estudios, los viajes, los encuentros y las experiencias fueron construyendo un lenguaje propio.
En algún momento sentí que todo a mi alrededor iba demasiado rápido: demasiadas imágenes, demasiada información, demasiados estímulos. Fue entonces cuando apareció el blanco y negro. No llegó como una decisión estética pensada, sino como una necesidad de volver a lo esencial.
Cuando quitás el color, algo cambia. La imagen queda más desnuda, más directa. Aparece otra lectura, una relación diferente con la luz, las formas y las emociones.
También cambió mi relación con la cámara. Dejó de ser solamente una herramienta y pasó a convertirse en una compañera de viaje. Algo que acompaña, que espera y que muchas veces me obliga a observar antes de actuar.
Mis fotografías nacen de esos momentos de pausa. De mirar un poco más, de esperar, de dejar que algo ocurra. No busco forzar una escena, sino encontrar ese instante en el que una imagen empieza a hablar por sí misma.






Cada proyecto representa una estación dentro de un mismo recorrido. El paisaje del Valle de Uco , donde la naturaleza tiene su propio ritmo; La Ruta Mendoza, con el movimiento y la memoria de sus caminos; el Laberinto natural, donde el espacio se transforma en una experiencia; Cambio climático, como una reflexión sobre el paso del tiempo; Ballet y Juego, donde el cuerpo aparece desde la libertad; y Fin de Fiesta, una mirada a una Barcelona de 2015 donde el caos, la energía y lo humano se encuentran en un instante irrepetible.


Cuando fotografío un retrato, espero ese momento en que la persona deja de posar y aparece algo verdadero. Cuando trabajo con un paisaje, busco ese segundo en que la luz transforma lo cotidiano.
No persigo imágenes perfectas. Busco imágenes que permanezcan, que acompañen a quien las mira incluso después de haberlas dejado atrás.
Quizás, al final, mi trabajo no consiste solamente en capturar momentos. Consiste en aprender a estar frente a ellos, con la menor interferencia posible, dejando que la imagen encuentre su propia forma de existir.
Mi nombre LEONARDO MARTÍN PAGANO. Y esta es mi historia..
Lic. en Diseño Grafico y Fotógrafo Publicitario.
Diplomado en Marketing Digital y Redes Sociales.
Diplomado en Fotografía Documental y Conservación.
@lmpfotografia
Diseñador, consultor, administrador y desarrollador gráfico con fuertes conocimientos en Administración, Redes Sociales, Fotografía Publicitaria, Análisis de sistemas web, Ilustrador, Diseño de afiches, atención al público y manejo de grupos de trabajo
Texto: Beatriz Vivar
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Instagram: @leonardomartinpagano / @lmpfotografia