Hoy conocemos a Jesús Alcolea, artista plástico autodidacta madrileño cuya trayectoria nace de la curiosidad, la experimentación y una forma muy personal de entender el arte.
Su obra, libre de reglas y tendencias, fusiona técnicas, materiales y texturas para transformar sus inquietudes en espacios llenos de significado. Una trayectoria reconocida dentro y fuera de España, con series como Diminutos e Iconos de la Música.
Pero en esta entrevista encadenada queremos ir más allá de su obra: conocer al artista, sus emociones, sus inquietudes y aquello que hay detrás de cada creación.
Jesús Alcolea, bienvenido a Viajeros en el Arte. Comenzamos este viaje contigo.
1. Cuando miras atrás, a ese niño que jugaba con soldaditos creando multitudes y batallas, ¿qué queda hoy de él en Jesús Alcolea artista y qué has tenido que aprender a dejar atrás?
De aquel niño queda casi todo: la imaginación, la necesidad de construir mundos y la fascinación por las multitudes formadas por pequeños personajes. Sin saberlo, aquellos juegos fueron el origen de mi universo artístico. Los soldaditos terminaron convirtiéndose en Diminutos y las batallas dejaron paso a historias sobre la humanidad, la cooperación y los buenos deseos.
He tenido que aprender a dejar atrás algunos miedos, la inseguridad y esa necesidad de buscar constantemente la aprobación de los demás. Pero procuro no alejarme demasiado de aquel niño, porque sigue siendo quien me recuerda que todavía es posible imaginar otros mundos.


2. Te defines como un creador sin reglas ni tendencias. ¿Ese rechazo a los límites nace de una necesidad artística o de una forma personal de entender la vida?
Nace de ambas cosas. Nunca he querido sentirme condicionado por una técnica, una corriente o una forma determinada de trabajar. Soy autodidacta y eso me ha permitido avanzar con absoluta libertad, equivocarme, experimentar y encontrar mi propio lenguaje.
También es una manera de entender la vida. No me gustan las etiquetas ni los caminos impuestos. Necesito sentir que puedo cambiar, investigar y tomar otras direcciones cuando una obra me lo pide. Para mí, crear significa ser libre.
3. Durante los años en los que “pintabas y pintabas” casi de forma obsesiva, ¿qué estabas buscando realmente: respuestas, libertad, identidad o simplemente sentirte vivo?
Creo que buscaba todo eso al mismo tiempo, aunque entonces no lo sabía. Pintaba porque lo necesitaba. Era una manera de escapar, de encontrarme y de expresar muchas cosas que no sabía explicar con palabras.
Con el tiempo comprendí que, mientras pintaba, estaba construyendo mi propia identidad. Cada cuadro era una pregunta y, en ocasiones, también una respuesta. Pintar me hacía sentir libre, pero, sobre todo, me hacía sentir vivo.
4. Tus obras sugieren más de lo que describen. ¿Hay emociones, pensamientos o vivencias personales que prefieras insinuar en el lienzo porque aún duelen o porque son demasiado íntimas para decirlas con palabras?
Sí. En mis obras hay muchas emociones y experiencias personales, aunque no siempre aparecen de una manera evidente. No me interesa explicarlo todo. Prefiero dejar indicios, símbolos y silencios para que cada espectador pueda construir su propia historia.
Hay sentimientos que todavía duelen y otros que pertenecen a mi intimidad. La pintura me permite hablar de ellos sin tener que nombrarlos. A veces, una distancia entre dos personajes, una sombra o una canica detenida dicen mucho más de mí que cualquier explicación.
5. La serie “Diminutos” habla de multitudes, humanidad y convivencia. En un mundo cada vez más individualista, ¿es esta obra una crítica, un deseo o una esperanza personal?
Son las tres cosas. Es una crítica al individualismo, un deseo de recuperar aquello que nos une y, sobre todo, una esperanza.
Los Diminutos son los guardianes de lo invisible. Recogen lo mejor del ser humano —el amor, la amistad, la empatía, la ternura, los sueños y la esperanza— y lo protegen en el interior de las canicas. Después unen sus fuerzas para hacerlas rodar y transportar esos buenos deseos.
Aunque son seres minúsculos, juntos poseen una fuerza colosal. Con ellos intento recordar que ningún gesto es insignificante y que, cuando somos capaces de unirnos, algo pequeño puede llegar a transformar el mundo. La unión hace la fuerza.







6. Has alcanzado reconocimiento, premios y proyección internacional. Cuando el estudio se queda en silencio y no hay público, ¿qué dudas o miedos siguen acompañándote como creador?
Los reconocimientos son importantes y ayudan a confirmar que el trabajo está llegando a los demás, pero no eliminan las dudas. Cuando estoy solo frente a una obra vuelvo a encontrarme conmigo mismo, sin premios, exposiciones ni público.
Sigue existiendo el miedo a repetirme, a dejar de avanzar o a no ser capaz de expresar aquello que quiero contar. Pero también he aprendido que la duda forma parte de la creación. Si una obra no me provoca preguntas, probablemente tampoco me está llevando a ningún lugar nuevo.


7. Abrir tu taller al público y mostrar el proceso creativo es un acto de gran vulnerabilidad. ¿Qué descubriste sobre ti mismo al permitir que otros te miraran mientras creabas?
Descubrí que el proceso creativo no tiene por qué ser un secreto y que compartirlo de vez en cuando puede acercar mucho más al espectador a la obra. Mi forma de enfrentar un lienzo en blanco es directa: sin bocetos ni marcas orientativas, voy directo con lo que tengo en la cabeza. Al principio, al espectador le produce cierta inquietud, porque muestras las dudas, los errores, las correcciones y todo aquello que normalmente permanece oculto. Algunos se pasaban a diario por el taller para ver el avance de la obra y hacían su aportación en forma de comentario positivo o crítica constructiva.
Después comprendí que esa vulnerabilidad también genera verdad. Las personas no solo ven el resultado final; descubren el esfuerzo, la paciencia y las decisiones que existen detrás de cada obra. Y yo aprendí a mostrarme de una forma más natural, sin necesidad de aparentar que siempre sé exactamente hacia dónde voy.


8. Además de pintar, la música forma parte esencial de tu vida como batería. ¿Qué grupo o sonido te acompaña cuando necesitas perderte?
Más que un único grupo, me acompaña un sonido: el del rock, la new wave y el post-punk, con sus atmósferas, su energía y sus contrastes. La batería me permite desconectar de todo y entrar en un lugar completamente diferente, en lo mental y en lo físico; es otra forma de expresar y crear arte con lo que llevas dentro. Formo parte de varios proyectos y tengo el mío propio, el Proyecto Frankenstein, un homenaje a la new wave con los temas internacionales que nos hacían bailar en los 80 y 90.
Cuando pinto busco detener el tiempo; cuando toco la batería necesito controlarlo y, a veces, atravesarlo. Son dos lenguajes distintos, pero ambos nacen del mismo lugar y me permiten expresar aquello que no siempre puedo decir con palabras.


9. Después de una larga jornada en el estudio, ¿ qué placer sencillo te reconcilia con el mundo: un plato que te devuelva a casa, una comida compartida o ese sabor que te acompaña desde siempre?
Me reconcilian las cosas sencillas: sentarme sin prisas, compartir una comida con las personas que quiero y conversar sobre cualquier cosa después de muchas horas de trabajo y concentración, solo en el estudio.
Lo verdaderamente importante es la compañía, ese momento cotidiano en el que uno vuelve a casa, baja el ritmo y recuerda que la vida también está hecha de pequeños placeres.
10. ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Mis próximos proyectos combinan mis dos grandes facetas: la creación artística y la gestión cultural.
Como comisario y programador de espacios expositivos, estoy trabajando en importantes exposiciones en el Silo de Hortaleza, entre ellas, Museo Cromática, Referentes del Dibujo Contemporáneo y Asia Contemporánea, proyectos que pretenden acercar al público propuestas artísticas de gran calidad y crear nuevos espacios de encuentro cultural.



Como artista, continúo desarrollando el Universo Diminuto, profundizando en sus diferentes series y preparando nuevos proyectos expositivos nacionales e internacionales individuales y para Nukleo 5, proyecto de obra compartida. Siento que este universo todavía tiene muchas historias que contar y territorios por descubrir.
11. Luis García Cid, director del Museo Cromática de Toledo, nos ha traído hasta ti encadenando su entrevista con la tuya y haciéndote esta pregunta:
Su mundo de diminutos le ha llevado a pintar millones de personajillos contando historias. Siempre he pensado que, cuando coge un lienzo y sabe que tiene que hacer miles y miles de diminutos… ¿no te dan ganas de salir corriendo?
Muchas veces, Luis. Cuando me enfrento a un lienzo vacío y pienso en los miles de Diminutos y Canicas que voy a tener que pintar, sí me dan ganas de salir corriendo. Pero es un reto: empiezo por el primero, después llega el segundo y, poco a poco, la multitud comienza a cobrar vida. Luis sabe que mis jornadas de trabajo son intensas y agotadoras. Los diminutos tienen prisa por salir a la luz, y todo parto conlleva mucho esfuerzo y concentración. La verdad es que son una obsesión hasta que finalizo la obra.
Es un trabajo que exige muchísima paciencia, pero también tiene algo de ritual y de obsesión. Cada Diminuto es diferente y ocupa su lugar dentro de la historia. Cuando termino la obra y observo todo lo que ha sucedido en ella, comprendo que ha merecido la pena no haber salido corriendo.




12. Ahora te toca pasar el testigo: ¿qué artista miembro del Club Viajeros en el Arte elegirías para continuar esta cadena creativa y qué pregunta te gustaría dejarle abierta para el próximo encuentro?
El artista que elijo es Austion Tirado, escultor.
Austión y yo nos conocimos en el Premio Reina Sofía de Pintura y Escultura. Desde aquel encuentro, siempre he seguido con admiración su trayectoria y la evolución de una obra que considero especialmente destacada.
Su trabajo posee una identidad propia y fácilmente reconocible. Austión recupera materiales, técnicas y procedimientos artesanales que hoy muy pocos escultores continúan utilizando, manteniendo viva la tradición de la forja y transformándola mediante una mirada plenamente contemporánea.
En sus manos, el hierro deja de ser un material frío y rígido para convertirse en emoción, memoria y reflexión.
La pregunta que le haría es: Austión, procedes de una familia vinculada durante generaciones a la forja y la herrería, y hoy transformas hierros y objetos recuperados en esculturas cargadas de emoción. ¿Sientes que elegiste la escultura o que, de alguna manera, el hierro ya te estaba esperando?


@artealcolea
ENTREVISTA: Beatriz Vivar (Dir. Viajeros en el Arte)
Fotografías: cedidas por Jesús Alcolea