El caballero de la mano en el pecho (sin censura), es una de las obras a las que más tengo cariño, entre otras, por lo que representa.
Emergido desde un fondo plano, aparece él y los colores vivos que definen mis obras, lanzando un mensaje directo al espectador: «Un caballero no se define por lo que representa un estereotipo, sino por sus actos». Cualquiera puede ser un caballero, cualquiera puede ser ese caballero.
Con la intención de no buscar el realismo, para que la pintura, parezca una pintura, la obra viaja entre la ilustración fantástica y el Pop surrealista.
Y como en todas, doy una mayor importancia a la composición para que su contenido plástico evoque formas y sensaciones al interior de la pintura, con la intención de que el observador saque de un mensaje directo, su propia conclusión.
Detrás de cada obra, existe a priori una historia que me lleva a pintar esa obra. Muchas de ellas verídicas. Otras son reinterpretaciones, como en este caso. En la que después de investigar sobre la vida del Greco, descubro una teoría sobre su orientación sexual y lo que la libertad le podría haber llevado a crear, sin la censura de la Inquisición.
Nombre de la obra: El Caballero de la mano en el pecho (sin censura).
Técnica: Acrílico sobre lienzo.
Medidas: 100 x 80.
Su historia, mi historia:
El caballero de la mano en el pecho, nace hacia 1580, donde quedaba retratada la fisionomía, la esencia y los ideales de un caballero cristiano en óleo sobre lienzo, con unas medidas de 81,8 x 65,8 y firmado bajo el seudónimo de «El Greco».
Las nuevas normas de la contrarreforma católica en aquella época, promulgadas para limitar la libertad de los artistas, hizo que los manieristas como El Greco agudizasen el ingenio para burlar la censura, exponiendo sus conocimientos e ideas sin soliviantar a los clientes o a la Inquisición, a quienes, llegado el caso, se les engañaba con fábulas.
«El caballero de la mano en el pecho (sin censura)», nace cinco siglos después como un paso más allá de lo prohibido a la reprobación. A la necesidad de diferenciar entre lo que se es y se quiere ser, para hacer lo verdaderamente correcto.
Sin censura, la historia tendría un final alternativo. En este 2022 sin censura, aquel caballero diría aquello de:
– Todo está cambiando Doménikos y sin embargo soy más yo que nunca -.
… Y entonces, fueron felices y comieron perdices.



