«Sonia Aguilar: La Artista que Convierte el Acero en Poesía Viva y Palpitante»
Sonia Aguilar, nacida en el corazón de General La Madrid, encontró su pasión por las artes visuales en la ciudad de Azul, Buenos Aires. Allí, en la Escuela de Bellas Artes «Luciano Fortabat», dio forma a sus sueños, obteniendo tres títulos que marcarían el inicio de una carrera llena de creatividad y sensibilidad: : Magisterio en artes visuales, Profesorado en artes visuales orientación pintura y Profesorado en artes visuales orientación escultura.


Como docente en la EETN2 Vicente Pereda, ha dejado su huella en cada mural y escenografía que ha creado, convirtiendo espacios de museos, galerías de arte y ferias de arte y diseño y exposiciones colectivas en relatos visuales cargados de emoción. Su arte, reconocido en pintura y escultura, ha cruzado fronteras, llevándola a exponer en prestigiosas galerías de Nueva York y París. Desde 2010, Sonia ha encontrado un hogar artístico en el grupo de Nazli Kalayci Art Dealer, donde sigue compartiendo su talento en proyectos que inspiran y conmueven.

Desde muy joven soñaba con dar vida a lo inanimado, con transformar lo rígido en algo que palpita y respira. En su búsqueda por un medio que le permitiera expresar su pasión y visión, encontró en el acero inoxidable el lienzo perfecto. Al principio, este material parecía inamovible, inflexible, como si estuviera destinado a permanecer inerte y frío. Pero Sonia, con su habilidad , descubrió la posibilidad de transformarlo, de darle dinamismo, movimiento y, sobre todo, sensibilidad.






Para nuestra internacional escultora , cada curva, cada ángulo, cada detalle de sus obras es una melodía, una danza mágica delicada que resuena en el espacio y el tiempo.
Como el poeta que sueña con ser una escultura inmortal, Sonia infunde en sus creaciones una colosal presencia que transciende el tiempo. No sólo es la belleza física lo que cautiva, sino esa vibra interna, esa energía que hace que el acero se convierta en un corazón palpitante. Algunas nos hablan de movimiento, de energía pura, otras en cambio, ofrecen una paz y una calma que contrastan con la dureza del material. Pero todas comparten una cosa: la capacidad de conmover, de atrapar el corazón y la mente de quienes la contemplan.



Sonia Aguilar, no sólo esculpe para ser admirada desde lejos. Sus obras están hechas para ser exploradas, para ser vividas. Invitan a los espectadores a rodearlas, a acercarse, a descubrir desde diferentes ángulos y perspectivas los secretos que guardan en su interior.

Y es que, bajo la dura superficie del acero, Sonia nos recuerda que siempre hay un corazón esperando ser descubierto.
Ya lo dijo el poeta:
“Quiero ser colosal escultura de piedra y permanecer inmóvil contra el tiempo, que nada turbe mi mente, ni impaciente desnuda.
Sea mi corazón la piedra que tropieza,
En cuerpo intacto, obra de sutil belleza,
Que deje sentir y muevan los latidos
Ni traición alguna, ni desamor me hiera «
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@soniaaguilarcenteno
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